
Parece que tuve un pálpito el otro día con lo de escribir sobre mi jefe. Después de meses no me pitaban los oídos pero sí el Microsoft Word dónde redacté el último post.
Escribí dudando sobre la necesidad o no de recuperar los peores momentos del pasado y planteándome si debería perdonar un poco más pero… Me llegaron ese mismo día rumores del trabajo. No del jefe exactamente.
El sindicalista cabrón al que todavía le debo un post iba contando por ahí aventuras mías inventadas. Cómo ya no estoy para montar fiestas de gritos, rebeliones y portazos la gente parece aburrirse. Cómo el periodismo amarillista cuando no tienen noticias, en mi trabajo se las inventan. La última que he sabido es que ese sindicalista en el que me centraré en otro post dice que he dejado el Facebook, el messenger, el blog(eso es bueno, significa que a este no han llegado) y hasta el móvil porque mi pareja mostraba fotografías suyas muy sexys y eso me molestaba. ¿Queeeé?
Bien. Ahora se vende una fotografía mía de talibán depresivo y maníaco. Pero se vuelve a hacer con torpeza.
Primera objeción: Si mi pareja era dada a las fotografías sexys… ¿Por qué no pedirle a ella que las borre de su Facebook? En caso de que me molestasen.
Segunda objeción: ¿Qué tiene que ver el móvil con las fotografías?
Tercera: Y si soy tan talibán por qué escribía esos post tan calientes con ella de los que por cierto también se quejaron mucho y montaron sus polémicas. No quiero mostrar sus carnes pero sí contar cómo follamos en detalle. Espero no ser el único que vea incongruencias aquí.
Cuarto: En la playa su atuendo no ha sido más grande que un delgado tanga y yo, que según ella no sé prohibir, me resigné a eso tranquilamente. Su cuerpo estaba al alcance de todas las miradas pero sólo de mis manos.
Dicho esto hay que aclarar que lo nuestro ya ni es. Ahora no estoy con ella. Entre nosotros sólo hay un pequeño puente bombardeado por el odio (y asco) que se le ha quedado hacia mí por motivos que considero injustos pero que entiendo si me pongo en su lugar. Por lo demás nunca me hubiese atrevido a censurarle el cuerpo. Sobre todo porque era su cuerpo y no el mío.
Si he cortado todos esos medios de comunicación no es por mi ex, es por ellos. Que se hayan dado cuenta tan pronto de todo eso es que se han molestado en investigarlo (lo que habla muy mal sobre el tiempo libre que tienen y lo que se aburren). Necesitaban la historia real de lo que me ocurría en la vida. Querían saber los unos (sindicalista y jefes) cuándo les insultaba para reprenderme y no quedar mal por hacerlo, los otros querían saber de mi relación con ella y de mí porque al parecer sus vidas están vacías o para indignarse con el “atrevimiento” de mis confesiones, querían… no sé, un mono de feria.
Pues nada. Que se lo compren. O pueden reproducirse y tener hijos. Eso también entretiene bastante.

